domingo, 15 de abril de 2018

EL OTRO “PROCÉS”: LA HORA DE LA ANTIPOLÍTICA


¿Cómo que es la hora de la política?...estoy harto de escuchar esa sobada frase, mil veces repetida por la clase política y otras tantas replicada por una opinión pública irreflexiva y cacatúa. Me harta mucho más en una época en la que nunca había estado tan nítido que es precisamente en la política donde está el origen de los problemas que más nos acucian, al haberse apropiado de todos los discursos y diagnósticos, cuando nunca como aquí y ahora los asuntos vitales, sociales, culturales, económicos, legales han estado tan enmarañados, absorbidos y monopolizados por la política, siendo prácticamente imposible distinguirlos sin hacer un retorcido ejercicio imaginativo y si no es a través de la lente única de la política.
Lo que aquí, como en la mayor parte del mundo, convierte el orden actual en totalitarismo hegemónico (neofascismo global) consiste precisamente en haber logrado naturalizar, imponiendo de facto, que “toda la vida” sea comprendida como “política” o inluso como “apolítica”, pero de tal modo que no haya resquicio alguno de la vida humana que no esté intervenido por la política, por un poder difuso y omnipresente, hasta el punto de asumirlo como algo natural e incuestionable, omnímodo y totalitario.

lunes, 9 de abril de 2018

LA VIDA CONTRA LA POLÍTICA, ESA ES HOY LA LUCHA DE CLASES


Malamente podemos posicionarnos en la realidad si ignoramos los modos y mecanismos en los que se produce y reproduce esa realidad.

La vida humana transcurre en medio de un “orden” que nos viene dado, compuesto por múltiples circunstancias que nos encontramos al nacer y que van a condicionar toda nuestra existencia o, al menos, su calidad. A medida que vamos adquiriendo conciencia de nosotros mismos y del mundo, hay una mayoría de individuos que se encuentran incómodos en ese “orden”, porque lo sienten como impuesto, que se ven a sí mismos completamente ignorados, despreciados e incluso agredidos. Cuando eso nos sucede empezamos a percibir el mundo como realidad negativa, caótica y desordenada. Cuestionamos la realidad que nos ha tocado vivir, porque quisiéramos otra realidad mejor, un mundo realmente “ordenado”. Y nos cuestionamos a nosotros mismos, nuestro posicionamiento ante ese desorden oficial e institucionalizado. Para la minoría que se encuentra cómoda, el mundo ya está ordenado, el problema son esas multitudes cuyo descontento amenaza con desordenarlo todo.

lunes, 2 de abril de 2018

¿PATRIARCADO SOSTENIBLE?

Fotos de la revista Contratiempo (mayo del 68, Marilyn Monroe y 8M)
Puede que ya sea tarde, porque los acontecimientos han avanzado mucho, pero pienso que el feminismo genuino, necesariamente antipatriarcal y por tanto antisistema, está obligado a reelaborarse al ver que la amenaza de cooptación por parte del sistema es más que evidente, cuando su agenda está siendo integrada en la de las instituciones del mismo sistema que en teoría pretende combatir. Lo primero a considerar es que no debiera haber duda al respecto de si en el movimiento cabemos o no los hombres, porque si no cabemos es que, efectivamente, ya es demasiado tarde.

Podremos acusar de todo al sistema dominante, pero no de que disimule mucho en su intención de hacerse con el discurso feminista. Ya pasó con el ecologismo, que de cuestionar el orden económico y político estatal-capitalista, pasó a legitimarlo, contribuyendo decisivamente al reforzamiento del armazón ideológico del sistema a través de su idea del desarrollo sostenible. ¿No estará el feminismo en la misma tesitura histórica? Convendréis conmigo que, como mínimo, merece la pena considerar este riesgo más que evidente, que a cada día que pasa se convierte en certeza.

En tal sentido, me ha parecido oportuno rescatar un par de artículos de la argentina Zenda Liendivit (revista Contratiempo) que, juntos, aportan una interesante reflexión al respecto, estando escritos antes y después del 8M:

domingo, 25 de marzo de 2018

ANTROPOFAGIAS Y OTROS ERRORES MAYÚSCULOS


Vosotros haced lo que queráis, pero yo le voy a cambiar el nombre a este planeta en el que vivimos. 

No puede ser que sigamos por más tiempo llamando Tierra a un planeta en el que la tierra es sólo una parte y no la mayor ni la más significativa. Es un error mayúsculo que hay que corregir. Me diréis que yo no tengo autoridad para hacer este cambio, vale, ¿quién la tiene entonces?, porque de no ser un humano -como yo por ejemplo- no sé de nadie que pueda hacerlo. Es tarea humana nombrar el mundo y cada cosa, porque sólo nosotros usamos la palabra, le ponemos nombre a lo que existe. Cierto es que cualquier nombre que pongamos siempre será subjetivo, afectado siempre por un criterio propio y exclusivamente humano, eso sucederá siempre, con todos los nombres de todas las cosas. Pero aún con esa limitación de obligada subjetividad, estaremos de acuerdo que “mesa” es un buen nombre, como “nube” o como “rosa”, porque se aproximan mucho a lo que nombran, porque a nadie engañan ni a nadie pretenden confundir. Puede que el nuevo nombre que yo le he puesto al planeta no les parezca apropiado ni a los jilgueros, ni a las orquídeas, ni a las piedras, pero nunca lo sabremos, porque nunca lo dirán... y el que calla otorga.

martes, 20 de marzo de 2018

LA BATALLA POR BARCELONA

Jordi Graupera


Precisamente porque repudio el sistema político dominante, me interesa saber por dónde va. Barcelona será el próximo escenario de una larga batalla que no ha hecho más que comenzar y que tendrá una gran trascendencia en el inmediato futuro político porque, entre otras cosas, significará el definitivo hundimiento de la izquierda estatalista (Podemos, IU y PSOE), responsable directa del auge de la fórmula “ciudadanista” (Cs), esa innovadora versión de fascismo democrático que con toda seguridad se impondrá en Europa durante los próximos años.

“Hoy es un gran día”, han dicho con aire de misterio algunos notables “indepes” republicanos y de izquierdas, no sé si porque hoy presentarán un acuerdo definitivo para la investidura del nuevo President o por la conferencia que Jordi Graupera pronunciará esta noche en el teatro Victoria de Barcelona. JG es un perfecto desconocido en esta parte de España en la que vivo, cuya audiencia se reparte entre la Uno o la Sexta con el mismo furor que entre el Real Madrid y el Barcelona. Pero el caso es que esta conferencia marcará el debate sobre las elecciones municipales del 2019 en Barcelona. JG, filósofo y periodista, colaborador habitual en medios de comunicación y residente desde hace años en Estados Unidos, donde desarrolla su carrera académica -actualmente en Princeton-, propondrá que las estructuras de partido den un paso al lado y que sean los militantes quienes hagan posible unas primarias abiertas a la ciudadanía, que trasciendan las siglas de los partidos.
Hace unos días leí con atención lo que decía Bernat Dedeu (periodista incuestionable como “indepe”) al respecto de JG:

“A Jordi le dispararán, que es un niño bien que ahora vuelve de los Estados Unidos con la pretensión de salvar la tribu, como si fuera un mesías. Todo aquello que él tiene de bueno, todo su talento y su bondad, será utilizado como un arma arrojadiza por los ratoncillos de la envidia, demasiado interesados en repartirse aquello que nos han dejado de nación. A Jordi le llamarán neocón, le llamarán soberbio, le dirán que habla demasiado bien, todo para que vuelva a Princeton con la cola entre las piernas y pidiendo perdón por haber propuesto una opción ganadora para una de las ciudades más bellas del mundo, más todavía cuando recuerde a los candidatos indepes como han pervertido la memoria del 1-O hasta dejarla más sucia que el alcantarillado. Pero sobre todo, amigo mío, no te perdonarán que, hoy por hoy, seas una de las pocas esperanzas que tiene la Rosa de Foc para volver a intentar encender la cerilla de la alegría ambiciosa. Ya te puedes preparar cuando aterrices, Graupi”.


Y si hoy me ha interesado todo ésto es porque me ha suscitado un presentimiento que, por supuesto, no es obligado compartir conmigo: la Cataluña republicana -autonómica o estatalista- está predestinada a ser el refugio de la última izquierda superviviente, allí acabarán exiliados los últimos republicanos españoles, a los que Carles Pugdemont, un republicano de derechas, les hará los honores, no sin un regusto de venganza.